La parte más social y la parte más íntima del vino

El vino no entró bien en mi paladar hasta los veinte. Curioso, ¿verdad? Será porque las papilas gustativas cambian con la edad, pero disfruto cada vez más del placer de tomar una copa de mi vino favorito.

El vino es esa bebida que une a las personas con momentos especiales, con risas, charlas y confidencias. Múltiples factores hacen del vino algo muy personal. La experiencia depende del día, de la compañía, de cómo te sientes, del lugar, de la copa en la que te lo sirvan, de lo que hayas comido. Y como mujer, diría que incluso depende del ciclo menstrual en el que te encuentres ¡Mi olfato está mucho más activo en la fase premenstrual!

Pero el vino también es parte de una conversación abierta a diferentes voces. Puedes ser de vinos secos o dulces, suaves o con cuerpo, blancos o tintos. La diferencia y la diversidad son bienvenidas, respetadas y celebradas en el mundo del vino.

En la mitología griega, era la bebida de los dioses, y así me siento junto a un buen vino: ¡Una diosa! Los aromas, los sabores, los colores y las texturas hacen del vino algo único. Todo se para con ese primer sorbo en el que se degusta el néctar de los dioses y las diosas. El sabor se vuelve familiar en el paladar y despierta recuerdos en la memoria. Sorbo tras sorbo, se perpetúa el placer. ¡Qué maravilla!

Es ese tesoro con el que disfruto de mi parte más extrovertida, pero también de la introvertida. Disfruto de la parte social, del poder compartir, del poder conectar; de esas conversaciones que curan, guían y llenan el alma. Aunque, por otro lado, mi parte creativa se enriquece, así como también lo hace mi mundo interior, que solo yo entiendo y conozco. Y me refugio ahí, y guardo cosas para mí misma.

Mi confesión de hoy: disfruto mucho más cuando bebo un vaso de vino antes de cenar que durante la cena.

Alejandra Sarrablo 
Embajadora de Women Wines en Londres