A pocas semanas de cumplirse un año del fallecimiento de Elsa Peretti, rememoramos la figura de esta icónica modelo, diseñadora de joyas y filántropa. Y lo hacemos “abriendo el joyero” para descubrir su legado y dar valor a todas las enseñanzas que nos dejó. Es lo que hemos resumido en cinco joyas, plenamente vigentes para la mujer actual.
Elsa Peretti (Florencia, 01/05/1940 – Sant Martí Vell, 18/03/2021), fue una mujer con las cosas muy claras y un sentimiento de libertad que supo hacer jugar a su favor. Sus vivencias son pequeños tesoros para la mujer actual porque se han convertido en un legado universal. Veamos qué valiosas joyas nos dejó:
Joya #1 – Todo está por hacer y todo es posible.
Tras vivir una infancia privilegiada en su Italia natal, poco después de alcanzar la mayoría de edad decidió irse de casa y descubrir mundo valiéndose por si misma. Su periplo la llevó primero a España, en plena época franquista de la década de los años 60, donde se codeó con la gauche divine y se relacionó con el pintor surrealista Salvador Dalí, entre otros artistas destacados del momento. En los años 70 dio el salto al continente americano. Fue en Nueva York donde empezó a trabajar de modelo -cuyo dinero le serviría para comprar una propiedad en Gerona años después-, entabló una histórica amistad y relación profesional con Roy Halston y se convirtió en diseñadora de joyas para la reputada firma Tiffany&Co. Y tras unas décadas de excesos y noches eternas en Studio 54 y otros clubs de moda, volvió a Europa para reconstruir un pueblo y acabar sus días en un entorno casi monacal, a la par que inmensamente creativo y lleno de proyectos. “Mi hogar es un tanto primitivo, pero tan cómodo como un viejo jersey” afirmó en una entrevista la diseñadora de joyas. Sólo una persona con una perspectiva tan nítida de las cosas, con una idea muy clara de cómo quiere vivir y gozar la vida, puede integrar con esa elegancia y naturalidad el hecho de haberse criado en un palazzo renacentista y acabar sus días en su querida casa “primitiva”, en la que al principio de comprarla vivía sin agua corriente y sin luz… y sin perder su característica sonrisa.

[Elsa Peretti en su estudio. Diciembre de 1974. Fotografía de Duane Michals para Vogue.]
Joya #2 – La naturaleza es una fuente inagotable de inspiración.
Lo demostró con sus primeros diseños de joyas. Una pulsera con forma de hueso, como los que había en las ruinas romanas que marcaron el universo creativo de la pequeña Elsa en Italia. O un colgante en forma de haba, convertido en objeto de diseño y de deseo por millones de mujeres americanas. Formas manipuladas con los dedos, piezas trabajadas en plata -denostada en esa época y que Elsa se empeñó en utilizar- porque sólo con ese material podía conseguir los resultados que quería. Joyas orgánicas, redondeadas, huyendo del estilo rectilíneo imperante y que a la vez hablaban de valores nuevos para la sociedad de los 70, como son la comodidad en la vida diaria, la ligereza en el vestir, el gusto por las formas no industriales, la naturalidad en todo lo que se lleva y se hace como símbolo de personalidad, etc. Todos estos conceptos, concentrados en pequeñas joyas que, con los años, se convertirían en piezas de culto.
Joya #3 – Musa sí, pero con nombre propio
En más de una entrevista en medios de moda, recordaban a su vez Elsa Peretti y el controvertido fotógrafo Helmut Newton, el romance que vivieron durante un tiempo y que entre risas y juegos amorosos dejó para la posteridad una colección de fotos. Helmut Newton pidió a Elsa que posara para él. Al parecer, Elsa acudió al armario y tomó lo primero que encontró: se enfundó un mallot negro, unas medias de rejilla y orejas de conejita Play Boy y se encendió un cigarro en el balcón del apartamento en el que estaban. Sin esperar instrucciones del fotógrafo, simplemente gozando el momento, la carga sexual del atuendo y la sensación de dominar el instante presente con un cigarrillo humeante. Regaló su forma escultural al objetivo de Newton que, en contraste con las líneas rectas de los implacables rascacielos neoyorquinos, hizo que esta instantánea pasara a la posteridad como un momento estelar de su época como modelo.
Parece ser que al llegar a Nueva York y al empezar sus pinitos en el mundo de la moda, Peretti enseguida empezó a trabajar con Roy Halston. Primero como modelo y después como diseñadora de joyas. Esta intensa relación creativa entre Halston y Peretti les hizo llegar a un modo de simbiosis en el que ella tuvo la gran experiencia -y única en su especie- de lucir sus propias joyas en un desfile de moda con las creaciones de Halston. Eso sí es pisar fuerte la pasarela y reivindicar su fuerza creativa.

[Halston en su casa, con Betsy Theodoracopulos sentada y Elsa Peretti de pie, ambas con sus diseños. Diciembre 1975. Fotgrafía de Deborah Turbeville para Vogue.]
Joya #4 – Las mujeres saben lo que quieren
El binomio Halston y Peretti, a pesar de la intensidad de su relación con sus altibajos propios del ritmo de trabajo y los excesos nocturnos de drogas y alcohol, fue muy beneficioso para ambos desde un punto de vista profesional. La contribución de Peretti fue clave para convertir a Roy Halston en un modisto fetiche de la época. Y el propio Halston apoyó en todo momento la carrera de Peretti como diseñadora de joyas. No sólo permitiendo que luciera sus joyas en la pasarela durante la presentación de sus colecciones de ropa, sino presentando Elsa al entonces presidente de Tiffany & Co, Henry B. Platt, quien dicen que la contrató a los quince minutos de hablar con ella. Así empezaba una relación irrepetible que supondría la creación durante años de colecciones de joyas para esta sofisticada marca. Y su aportación con personalidad propia fue tal, que cambió el paradigma comercial imperante en el sector de joyería de entonces. Por primera vez las mujeres compraban sus propias joyas. Las joyas de Elsa Peretti para Tiffany & Co pasaron de ser simples creaciones de joyería a objetos de diseño que las mujeres querían adquirir -y no esperar a que un hombre se las regalara- para lucir como símbolo de individualidad.

Joya #5 – Cerrar el círculo de la Vida
Peretti decía que quería devolver al mundo lo que a ella le había venido dado. La fortuna heredada de su padre, un magnate del petróleo, la empleó en crear una fundación, la Nando & Elsa Peretti Foundation, desde la que empezó a luchar incansablemente por causas que azotaban el mundo: la crisis del Sudán del Sur, las condiciones sanitaras en la India, etc. En una entrevista a Vogue, Peretti dijo: “para mí, ser una buena diseñadora es la cosa más sencilla del mundo. Pero ser un buen ser humano, eso será duro… pero lo voy a intentar”.
Y desde luego que lo logró. Peretti apoyó de forma generosa e incansable a la Fundación Aura, organización sin ánimo de lucro que persigue la inclusión social y laboral de personas con discapacidad intelectual. Y, además, amante como era de las artes, su afán creativo y espíritu generoso la llevaron a crear el Teatro Akademia. Según afirma la propia dirección del teatro, Peretti quiso “crear un espacio en Barcelona donde los artistas puedan expresarse libremente como ‘artesanos del arte’ y siempre siguiendo los pasos de la realidad social”.
Elsa Peretti fue una mujer que huyó de una Europa opresiva tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial y que creció como mujer y como profesional en la alocada y experimental Nueva York de los años 70. Gozó de un reconocimiento que pudo haberla embriagado de fama y ego, pero supo reconducir su expansiva capacidad creativa hacia proyectos solidarios y humanos para devolver a la sociedad oportunidades de mejora y de evolución. El de Peretti es un joyero lleno de gemas auténticas, como las que solía incluir en sus creaciones. No sólo se convirtió en un referente en el mundo del diseño de joyas, sino que sigue siendo un referente para las mujeres de hoy. ¡Brava Elsa!
Elisabet Márquez
Directora de Proyectos y Embajadora Women Wines Tarragona